jueves, marzo 01, 2012

La victoria de la Mano Negra


En un célebre fallo que privilegió por encima de todo el bien común, el pasado 15 de febrero la Corte Constitucional declaró exequible la Reforma Tributaria, demandada por vicios de forma, que en verdad contenía su texto. Contrariamente, el reciente fallo del Consejo de Estado sobre la elección de la Fiscal Viviane Morales por vicios de forma va en contravía de ese bien común, poniendo en riesgo la institucionalidad y concediendo tácita razón a delincuentes que se esfuerzan en salvar su pellejo a costa del prestigio de la Fiscalía, como supuesto órgano persecutorio con fines políticos, algo bastante lejano de la realidad en el caso de la gestión de la Fiscal Morales.

Los países que pueden conceder el ahora recurrente asilo a tales delincuentes, como Estados Unidos en el caso del prófugo de la justicia, Luis Carlos Restrepo, posiblemente no entenderán la filigrana leguleya de Colombia, en cambio es posible que se inclinen a otorgar razón al pedido de asilo por persecución política, teniendo en cuenta el retiro forzado de la Fiscal General, por haber sido elegida 'irregularmente'. Este hecho, sumado al absurdo escándalo mediático provocado por su relación marital con Carlos Alonso Lucio puede hacer mella en la decisión de un Estado puritano, como el norteamericano.

En un país amnésico como el nuestro, conviene hacer memoria sobre el interminable proceso de elección de Fiscal General de la Nación que al término del pasado gobierno afrontaba el país, cuando la Corte Suprema de Justicia, por cuenta de los continuos insultos del Presidente a la Corte, de las “chuzadas” y la persecución a los magistrados, y en últimas, por las ternas de bajo perfil y alta manipulación presentadas por el Ejecutivo a consideración de la Corte con el claro propósito de facilitarse el tránsito en los estrados judiciales, ante la inminente discontinuidad del régimen, tránsito que en manos de Santos le ha resultado aún más tortuoso que si hubiese ganado otro candidato cualquiera.

Fue precisamente Santos quien postuló a la elegida Fiscal, Viviane Morales, en una terna que en su momento el país calificó de sobresaliente. Y fue el cambio en las relaciones Corte-Gobierno lo que operó como fórmula para acabar con la absurda interinidad de uno de los organismos más importantes para la administración de justicia, en un país caracterizado por la impunidad.

Cabe reconocer que la Corte actúo con una alta dosis de entendible y humano resentimiento contra el gobierno Uribe, y que posteriormente, presentada con carácter de urgencia manifiesta la terna por parte del gobierno entrante, obró respondiendo a los principios de eficiencia y celeridad promulgados por Santos en su propuesta de buen gobierno, algo curioso y anecdótico, pero lejano al dolo. Que la embarró la Corte, la embarró. Pero había lugar a desembarrarla por la vía legal, y no lo hizo.

Así las cosas, transcurridos dieciocho meses de la elección de Viviane Morales como Fiscal General de la Nación, la controvertida decisión del Consejo de Estado de declarar nulo el acto de la Corte Suprema de Justicia tiene un inocultable tufillo político y judicial. Interpuesta la demanda por un estudiante de derecho, se dice en los mentideros políticos que detrás de la misma estaría uno de los ternados por el anterior gobierno, el consejero de Estado Marco Antonio Velilla. El acto y las explicaciones de Ferleyn Espinosa Benavides dejan ver con claridad el modus operandi utilizado para sacar la piedra en el zapato que significaba para la delincuencia de cuello blanco la señora Morales en la Fiscalía.

El país ha sido testigo de la cruenta campaña de desprestigio que ha tenido que afrontar Viviane Morales, cuya gestión al frente de la Fiscalía arroja solo buenos resultados, valentía, verticalidad y eficiencia en su desempeño. El preocupante avance de investigaciones, que en manos de sus predecesores estuvieron dormidas, y que tienen en la cárcel, o al borde de esta, a un buen número de políticos y ex funcionarios del anterior gobierno, desde luego que inquieta a las más encumbradas cabezas del uribismo, y no serían de extrañar presiones indebidas dentro del Consejo de Estado para tumbar a Morales, toda vez que enjuiciamientos anteriores como el de su segundo matrimonio con Carlos Alonso Lucio han pretendido, de manera absurda, descalificar su probedad profesional. La deslegitimación de la Fiscal ha sido una tarea lenta y constante por parte del cartel uribista, y al parecer hoy cobra con creces sus frutos.

Según una encuesta a 1° de marzo, el 22% de los colombianos están de acuerdo con lo sucedido a la Fiscal, el 43% lo desconocen, y un 30% está en desacuerdo. Vivimos en un paisito donde lo normal es la desinformación, la ignorancia, la apatía y la cómplice pasividad. Mucha gente se creyó el cuento de hadas del estudiante estrella que por su cuenta presentó una demanda y tumbó la elección de la Fiscal, sin sospechar siquiera que detrás de esto está la mano negra, y que el objetivo no era tumbar la elección, sino a la propia Fiscal.

¿Genio o testaferro intelectual?

Las últimas horas de Viviane Morales como Fiscal General

Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM | 10:45 p.m. | 03 de Marzo del 2012

El estudiante que tumbó la elección

La primera demanda que lleva la firma de Ferleyn Espinosa Benavides tumbó de su cargo a la fiscal Viviane Morales. Espinosa, que aún no se gradúa en Derecho y al que ahora le gritan "fiscal" en la Universidad Republicana, vive sus quince minutos de fama porque los argumentos que llevó ante el Consejo de Estado en contra de la elección de Morales dejaron de nuevo en interinidad a la Fiscalía General.

Aunque admite que no recuerda con precisión las normas que sustentaron su demanda, este hombre que vendió flores en San Victorino y probó como latonero asegura que la idea le surgió de una clase y de lo que en su momento informaron los medios. Eso sí, niega que detrás de él se muevan intereses diferentes a los académicos.

El hecho es que este estudiante, de promedio de 3,9 en la carrera, no solo acertó en el argumento sino que demandó a tiempo: las elecciones solo pueden ser cuestionadas ante el Consejo de Estado hasta 20 días después de la posesión del elegido.

La afición por el Derecho le llegó de un tío, Hernando Benavides, que con Miguel Antonio Cuesta Monroy son los dueños del discreto pool de abogados donde Espinosa hizo sus primeros pinos en la carrera.

Benavides fue quien le pagó la carrera y lo instaló en una pequeña oficina con vista a la Procuraduría. "El mismo origen de mi sobrino es el mío. Me siento orgulloso de él, porque siendo un estudiante se atreve a cuestionar la majestad de la justicia", dice el abogado, quien en los 80 demandó el tratado de extradición y recientemente representó al exjefe paramilitar Salvatore Mancuso para los casos de Justicia y Paz.

Otro de los que sacan pecho por el aventajado alumno es Iván Cancino, reconocido penalista que es decano de la facultad de Derecho de la Republicana. "Es admirable que un estudiante tenga el interés intelectual que provocó semejante escándalo", dice Cancino, quien es defensor del exsecretario general del Ministerio de Agricultura Juan David Ortega, procesado por el caso AIS.

Artículo original de El Tiempo

lunes, octubre 31, 2011

Qué ganamos



Sentido Común es un proyecto educativo político que nace de la indignación, con la idea de convertirse positivamente en una alternativa de poder, donde el ciudadano común esté presente de manera real, y no simbólica.

Conformado por personas que intencionalmente evitamos hacer cálculos muy realistas para no claudicar en nuestro empeño, la idea fue tomando cuerpo y creciendo poco a poco. Fueron llegando personas. Muchas permanecieron, unas pocas no han vuelto, pero en conjunto se formó un gran equipo que nos dio fuerza a los fundadores para seguir adelante con la idea. Si la emoción, el compromiso y la alegría se tradujeran en votos, hoy tendríamos asegurada la curul en el Concejo de Bogotá, la que hace unos pocos meses nos propusimos alcanzar para llevar el ideario de Sentido Común a la práctica.

Recuerdo las primeras reuniones y me parece que apenas estábamos jugando a que hacíamos campaña. Todos novatos, cada quien asumía su rol sin importarnos que teníamos en contra el tiempo y la inexperiencia. Hoy ya el tiempo expiró y nos queda la experiencia, que es nuestra verdadera ganancia.

Gracias, muchísimas gracias a las más de 1.700 personas que apoyaron mi nombre, que creyeron en mí y en Sentido Común como su mejor elección para el Concejo. Medir una derrota en votos sería desconocer el valor de las personas que votan por convicción, como es el caso de todos nosotros. Créanme que son el capital más valioso para seguir en la lucha, y desde hoy la razón de ser de un movimiento que desde ya nos pertenece a todos. Su participación directa será nuestra primera meta.

Pues bien, tras una muy dura faena, especialmente en la recta final, hoy amanezco nuevo, y lleno de ganas de sacar adelante la idea central de nuestra propuesta, y lo haré con la concurrencia de todas las personas que de verdad creyeron en el Sentido Común. Tal vez no fueron todas las que estaban, pero la selección natural opera indefectiblemente, y a mi lado se encuentran hoy todas las que son.

Puedo decir sin equivocarme que ganamos. Que hoy somos mucho más de lo que éramos cuando comenzamos, pero sobre todo, que hoy tenemos más claro el qué y el cómo. Y esa es la diferencia entre un sueño y la realidad. Soñamos una mejor ciudad, mejores seres humanos, una sociedad sana. Con seguridad es una meta bastante ambiciosa para un grupo tan pequeño. Pero con lo vivido, con lo construido, ahora entendemos que hacer política es posible, y es posible de otro modo. Ahora solo falta aceitar las maquinarias. La de la voluntad y la del corazón, que es como sabemos trabajar. Nos queda mucho por delante y de nuevo tenemos muy poco tiempo para lograrlo. Adelante, vamos con todo por nuestro ideal con Sentido Común.

Guillermo

jueves, octubre 20, 2011

La responsabilidad política del Concejo


Si tuviera en mis manos hacerlo, llamaría a la totalidad de los concejales a responder por los platos rotos. El Concejo es una corporación integral, donde no solo las malas acciones determinan detrimento para la ciudad; también la omisión y el silencio.

Prueba patente de lo que he venido aseverando en este espacio, un buen número de concejales, muchos de ellos con aspiraciones reeleccionistas, por acción u omisión, son cómplices del desastre que vive Bogotá por cuenta del llamado carrusel de la contratación, en la medida en que el control político que corresponde al Concejo no operó en algo tan grave. Si bien estos ciudadanos no han sido vencidos en juicio, es clara la responsabilidad política que le atañe a todo el Cabildo en pleno.

Ante el llamado de la Fiscalía a varios concejales a declarar en el caso del famoso carrusel, son muchos los que se declaran públicamente sorprendidos, e incluso alguno de ellos declara que fue él quien destapó la olla podrida, noticia nueva para quienes creíamos que fueron Petro y Galán.

Que los llamados a declarar tomen ahora la bandera de la persecución política es de Perogrullo por cuanto entre los investigados hay una clara representación multipartidista, lo que indicaría que se trataría de una persecución a todos los partidos. Conozco la rectitud de la Fiscal Viviane Morales y veo que los implicados están tratando de pescar en río revuelto. Lo que en realidad hay allí es un viejo vicio enquistado en la clase política tradicional y un Concejo que resultó inferior a las circunstancias. Así de claro.

Es por todo esto que Sentido Común concibe la Política como un gobierno del territorio con una visión social, técnica, gerencial y administrativa, por encima de la política partidista menor, que demostradamente contamina y corrompe todo. Una cosa son las ideas políticas de fondo, que definen tendencias sociales y económicas, y otra cosa es la burda repartición del poder (burocracia y contratos) por presiones personales que nada tienen que ver con una ideología.

Necesitamos una ciudad que marche al ritmo de una Administración imparcial con visión de largo plazo, que respete y acate el Plan de Ordenamiento Territorial, que dé continuidad a políticas exitosas de pasadas administraciones, a la vez que desarrolle planes propios y permita que futuros alcaldes, sin importar su origen político, retomen lo mejor de su legado, para beneficio de los ciudadanos, el verdadero objetivo del gobierno de la ciudad.

GUILLERMO MEJÍA CORREA

Candidato al Concejo de Bogotá | 2012-2015

L-18 (Partido Liberal)

viernes, septiembre 09, 2011

La más increíble historia jamás contada

La cortina de hierro estaba abierta, el muro de Berlín se había derrumbado, la guerra fría estaba terminada. Todo indicaba que el mundo viviría una buena etapa de distensión y, por qué no, de armonía. De repente dos aviones al mando de terroristas musulmanes recién entrenados en el pilotaje del sofisticado Boeing 767, impactaron las torres gemelas de Nueva York, un tercero explotó sin dejar rastros en el edificio símbolo de la seguridad nacional de los Estados Unidos de América y otro más fue dado de baja, supuestamente antes de chocar contra la Casa Blanca.

Era el 11 de septiembre de 2001. El ‘mundo libre’ estaba amenazado por el terrorismo fundamentalista de Al Quaeda, y era preciso convocar a Los Aliados, esa fuerza mercenaria que desde la Segunda Guerra Mundial aparece providencialmente, como la caballería en las películas de vaqueros.

Así comenzó la intervención militarista sobre el ‘eje del mal’, que nos protegería a todos nosotros de los temibles talibanes, fieros combatientes de fusil, daga y pistola, quienes amenazaban la estabilidad política, económica y social del planeta. ¿Su poderoso secreto? Armas de destrucción masiva…invisibles. Se daba inicio así a una nueva era de guerras televisadas, que dejaban claro que contamos con líderes salvadores como Bush, Blair, Aznar, y Uribe en el caso de Colombia. La cruenta guerra contra el islam, que tanta devastación y muerte ha causado, y que aún sigue viva, hoy hace metástasis en Libia, por motivos no muy diferentes a los que originaron la intervención militar en Afganistán e Irak.

Como todo cuento de hadas, esta historia adquiere un final feliz cuando por fin, solo una década después del suceso que alteró el orden mundial, la CIA logra asesinar al monstruo flacuchento que desató toda esta terrible afrenta al Imperio. Su cadáver es arrojado al océano para que nunca se sepa con certeza si existió el tal Osama Ben Laden. Pero si lo dice Fox News...

Estamos en septiembre de 2011 y ya los medios comienzan a presentar ediciones conmemorativas, en las que resaltan cosas incidentales como la actitud de los bomberos, el colombiano ciego que bajó 100 pisos con su perro para salvarse, lo que hubiera pasado si el avión impacta la Casa Blanca, y otras por estilo. Pero no se da una versión del contexto geopolítico que ayude a desnudar y desanudar tantos hechos que llevaron al conocido cataclismo, ni un análisis crudo o contrario a la versión con la que el establecimiento está empeñado en escribir la historia. Las teorías conspiratorias son ridiculizadas, cuando precisamente constituyen la mejor óptica aplicable al manejo de los hilos del poder mundial: piensa mal y acertarás. Es hora de cambiar de canal.

RECREE USTED EL 11 DE SEPTIEMBRE CON LOS OJOS DE MICHAEL MOORE.


lunes, junio 27, 2011

La Fuente de la Vida [1]

Cerca del 75% de la superficie del planeta está conformado por agua, pero de toda esa inmensa masa acuífera, el 97% está en los océanos y es salada; del 3% dulce, un 69% se encuentra en forma de hielo (el 70% en la Antártida), y un 30% son aguas subterráneas y humedad propia del suelo. En consecuencia, tan solo el 1% de toda el agua de la Tierra está en los ríos y en los lagos.

Ahora bien, del 1% de agua dulce no congelada ni subterránea, la industria mundial consume y contamina más del 38%. Por ejemplo, algo que Coca-Cola o Ardila Lulle nunca destacarían, es que la producción de un litro de gaseosa supone el uso de 200 litros de agua, pequeño gasto, comparado con los 4.800 litros que requiere la producción de cada kilo de carne de cerdo, 6.600 litros para un kilo de carne de cordero, o los 15.500 litros que demanda cada kilo de carne de res que usted compra en un supermercado.

De cara a estas inverosímiles estadísticas, y a la luz de por lo menos tres de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, suscrito por los países miembros de las Naciones Unidas, resulta aterrador que el agua, ese elemento estratégico para la vida, se haya convertido en un bien de consumo, como cualquier otro, al arbitrio del capitalismo salvaje, mientras en el mundo mueren anualmente de sed más de 1,5 millones de niños menores de 5 años, quienes representan el 10% de los 15 millones de menores que mueren anualmente, víctimas de enfermedades como la diarrea y el cólera, consecuencia directa de la falta de agua potable.

Las buenas intenciones de los Estados firmantes se reflejan en débiles esfuerzos que cohonestan con una organización social fundada, más en una economía corporativa, que en la salvaguarda del planeta, o aunque fuera, de la especie humana. En breve, los efectos del cambio climático enfatizarán el drama de millones de habitantes de países pobres que mueren a casusa de la falta de agua, pero muy seguramente el fenómeno será la justificación misma de los líderes mundiales, quienes taparán sus vergüenzas con las leyes de la naturaleza.

Colombia, país hidrológicamente privilegiado, no es ajena a esta situación, ni siquiera su flamante capital, que se encuentra en una de las más bellas sabanas que alguna vez existió. Las anteriores reflexiones nos darán argumentos ambientales, sociales y económicos para fijar la posición de Sentido Común frente a la problemática del agua, en el contexto de nuestra intención de llegar al Concejo de Bogotá. Esta historia continuará.

domingo, abril 24, 2011

De la inherencia humana

Una visión occidentalista y profana de la corrupción a través del tiempo

El primer acto corrupto del que tiene conocimiento la humanidad sucedió en el sector privado; según lo narra la Historia Sagrada, Adán y Eva fueron sobornados por una serpiente que les ofreció una manzana a cambio de que probaran del árbol del bien y del mal. Tras caer en la tentación, fueron expulsados del paraíso por dios, quien aprovechó el asunto para condenar de por vida a los católicos, que desde entonces tienen que bautizarse para borrar el pecado original, según nos explicaron de niños.

La segunda generación de humanos no se salvó del tremendo flagelo de la corrupción: Los hijos de Adán y Eva, Caín y Abel, el uno se dedicaba a la siembra y el otro al pastoreo de corderos, como quien dice, eran agropecuarios. Ante el concepto emitido por Jahvé sobre la supremacía de Abel como pastor sobre Caín como agricultor, este último en un ataque de celos profesionales, sacó de competencia a su hermano menor, y tratando de encubrir el guarapazo con que le propinó la muerte al pecuario, recurrió a la mentira, con tan mala suerte que Jahvé siempre estaba en todas partes, y no comió cuento.

Desde entonces, muchas más marrullas se harían famosas, como aquel cambiazo de la primogenitura por un plato de lentejas entre Jacob y Esaú; el sensual baile de Salomé frente a su padrastro Herodes Antipas, por orden de su madre Herodias, que desembocó en la decapitación de Juan Bautista; o la traición de Dalila a Sansón, a cambio de mil cien siclos de plata de cada príncipe filisteo, quienes le sobornaron.

Siendo ésta nuestra naturaleza, no resulta raro que Judas vendiera a Cristo a cambio de treinta monedas de plata, como bien lo relata Mateo 26,15: “y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata”. Pero es que Judas también tenía ya su antecedente, reseñado en Juan 12,6 “Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella”. El hombre, en su calidad de Tesorero del equipo de Cristo, fue pillado cometiendo enriquecimiento ilícito con el dinero de los pobres.

Pero es que ni Pedro, piedra sobre la cual Jesucristo decidió edificar su iglesia, estuvo exento de culpa. Tal como lo vaticinó poco antes el propio Jesús, luego de su arresto en el Monte de los Olivos, el discípulo dilecto Cefas o Simón Pedro, antes de que cantara un gallo, cometió la mayor deslealtad de la historia, negando a su Maestro, no una, sino tres veces.

Según Mateo 16, 19, Jesús le habría dicho previamente a Pedro “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”. Semejante papayaso de Jesús a quien, a sabiendas suyas, muy pronto le traicionaría, es sin duda la causa estructural de la reconocida corrupción en las altas esferas de la Iglesia católica asentada en el Vaticano, que por los siglos de los siglos, y mediante una gran farsa, dominó a su acomodo la moral de occidente, y buena parte de los mitos religiosos, muchos de los cuales subsisten en nuestros días.

Ya desde mucho antes, el mundo de los humanos se había caracterizado por el vicio del engaño y la mentira. Como lo relatan Homero en la Odisea y Virgilio en la Eneida, el adivino griego Calcante le sopló a Odiseo la táctica del engaño a los troyanos, a quienes terminaron ‘ofrendando’ en nombre de Atenea, diosa griega de la guerra, un enorme caballo de madera, repleto de temibles y bien armados guerreros, los cuales salieron oportunamente de su interior, y ahí fue Troya.

Ni qué decir de la corrupción durante el Imperio Romano, cuyo desplome se debió en alguna medida a tan reprochable vicio. Personajes como Tiberio, Livia, Agripina, Calígula o Nerón encarnan el ejercicio de conductas éticas bastante cuestionables, imaginativamente narradas en la novela Yo, Claudio de Robert Graves, y minuciosamente descritas en las obras del historiador Jérome Carcopino, que marcarían el comienzo de la decadencia.

Llegada la Edad Media, cuna de las instituciones modernas y del concepto de estado-nación que conocemos hoy, la corrupción corrió casi exclusivamente a cargo del clero, que se encargó de marcar falsamente este productivo período histórico, como la era del oscurantismo. La razón de ello radicó en el cuasi monopolio del conocimiento por parte de la iglesia católica, situación que se recrea estelarmente en la novela de Umberto Eco, El nombre de la rosa. Con la sartén por el mango, el papado, a través de los clérigos, se constituyó, junto con la nobleza, y los comerciantes, en uno de los tres estamentos de la época. Pero las más de las veces, su poder propio dominó sobre estos, y reinó hermanado con las monarquías.

El poderío del papado se consolidó plenamente tras la caída del Imperio Romano. Era la época del Renacimiento, en la que las grandes castas monárquicas, emparentadas desde luego con los Papas, mantenían una relación unívoca entre poder estatal, poder militar, poder económico, y por supuesto, poder religioso.

Un clan dominante, como fue el de los Borgia, familia reconocidamente cruel y codiciosa, originaria de Valencia (Borja) y que mantuvo un gran influjo sobre el mapa geopolítico renacentista, aportó dos Papas. Por su parte, los Médici, de linaje menos encumbrado que los Borgia, y que suplieron tal condición con su riqueza, derivada del hábil ejercicio de la banca, aportaron tres Papas. En honor a la verdad, los Médici brillaron como mecenas del arte y la arquitectura, virtud por la que son recordados, antes que por las prácticas maquiavélicas del poder, que por entonces eran vistas como normales. Recordemos nada más la simonía, consistente en la compra o venta de lo espiritual a cambio de bienes materiales, práctica muy usada al momento de las elecciones papales y de otras dignidades.

Los pontífices de entonces rigieron políticamente los países donde la religión católica era predominante, negociando alianzas por debajo de la mesa con los monarcas gobernantes, a la vez que dedicando buena parte de sus energías y su dinero a hacer la guerra ‘santa’, a través de las Cruzadas, e intentando cerrar la brecha creada con el cisma de oriente.

El estado Vaticano erigió durante el Renacimiento una fuerte economía propia, a base de tributos recogidos de sus fieles alrededor del mundo occidental, sobre la cual se han producido desde entonces todo tipo de oscuros manejos financieros ypolíticos, incluyendo monumentales desfalcos como el ocurrido en tiempos ya recientes con el Banco Ambrosiano.

Tras el auge definitivo de la burguesía, la Iglesia cedió espacio a la nueva clase dominante, con la que pronto se emparentó. Ya empoderados los burgueses, se convertirían en los nuevos protagonistas de hechos de corrupción a diestra y siniestra. En Inglaterra nacieron de manera oficial el Lobby y las comisiones por gestión de oportunidades financieras y de comercio con el nivel gubernamental, lo cual se hizo costumbre en muchos países, de manera legal o subrepticia.

La reforma protestante, encabezada por Lutero, dio al traste con el Renacimiento como era histórica, marcando el surgimiento de una nueva mentalidad universal que transgredía la autoridad del sumo Pontífice. En este nuevo ámbito se vio emerger a los Estados Unidos de América como potencia, y se puso de relieve la visión doble moralista de una sociedad básicamente puritana, que en lo internacional no tiene pudor al momento de desatar una guerra o derrocar un gobierno que no le sea conveniente a sus intereses. Innumerables pruebas hay de la injerencia corrupta de gobernantes y diplomáticos estadounidenses en el destino de pequeñas naciones como Colombia.

Entendida la historia como un río de sucesos en el que constantemente salen a flote los más bajos sentimientos e instintos humanos, poco nos cuesta comulgar con la reciente frase del afamado empresario Miguel Nule, según la cual la corrupción es inherente al ser humano. Sabemos de sobra que no somos ángeles, pero queremos permanecer lejos de los demonios. Actos corruptos de muy diverso tipo se cometen día a día a nuestro alrededor, en nuestras narices. Y de alguna manera hacemos parte de esto, pero no lo aceptamos. El que los actos corruptos sean tan corrientes, le sirve de soporte a otra célebre frase, muchas veces ridiculizada y cuestionada, pero más que por errada, por quien la dijo, el ex presidente Julio César Turbay Ayala: Hay que reducir la corrupción a su justa proporción. De manera realista, digamos que siempre habrá algún nivel de corrupción en nosotros.

Sobre la corrupción en lo público, si en verdad nos anima tener una sociedad más justa y equitativa, y en general, dejar a las futuras generaciones un mundo mejor (o cuando menos dejar un mundo), es hora de salirnos de la critica pura, y convertirnos en actores del cambio, para hacerle frente a la enorme corrupción que se vive, y a los corruptos.

La clave es la participación. Participación para llenar espacios que de lo contrario llenan los corruptos. Participación en la elección de gente comprometida con el verdadero cambio, que represente fielmente a los electores, y que mantenga con estos un alto grado de comunicación e interacción, para cumplir fielmente lo ofrecido. Démonos una oportunidad para hacer las cosas de otra manera. A lo mejor resulta bien.